Vivir entre la tradición y la modernidad resulta difícil, y se acrecenté aún más cuando nuestro gobierno y la misma población miran con desgano y sin mesura a los pueblos indígenas, no sólo en el Estado de Baja California, sino del país entero. Nuestras comunidades se encuentran desprotegidas y a la intemperie de los antojos “de los que más saben”, su conocimiento milenario se ha visto sobajado: ayer eran abuelos con secretos y magia, hoy, vendedores ambulantes y errantes de su pueblo. Los que hacemos trabajo social llenándonos la boca de querer hacer aportes a la humanidad, tenemos un compromiso con el origen que nos vio nacer, con el lagado de los abuelos y con la historia oral que aún vive en sus memorias y recuerdos; tenemos un encargo que viene desde tiempos remotos, cuando la tierra era de todos y se veía con sagrado respeto, cuando Ko'lew nñimát se vivía y se gozaba como forma de exaltar la permanencia y la continuidad de nuestro tiempo.

Nuestro trabajo y nuestra forma de vida se quiere impregnar del conocimiento de los abuelos que todavía nos quieren compartir sus rituales de vida, sus cosmovisiones, su legado para no extraviarnos y reconocer a lo que se pertenece. Ahora todo México es mestizo, somos fusiones, combinaciones, somos una raza hibrida que ha empolvado con el paso del tiempo sus tradiciones y costumbres, y que como bajacalifornianos con el “bienaventurado” factor frontera a desdeñado aún más su raíz; se precisa voltear al pasado, se precisa detenernos a contemplar y comprender para construir con más ahínco los mañanas de nuestra tierra.

Comentarios

Entradas populares