Desde los inicios de la Revolución Científica se ha comenzado a vivir en ciudades aceleradas que invitan a la tibieza y al desapego en diferentes dimensiones, sin embargo, el cambio de siglo que presenció la humanidad, las crisis económicas y sociales que se suscitan tanto en México como en otros países tercermundistas inalcanzados por el desarrollo, y sobre todo los recuerdos que emanan de los objetos que se poseen, no permiten que se distribuyan y se desperdicien los afectos, más bien, estos se concentran, se unen, se juntan, se aglutinan desembocando en amores pegajosos, en cursilerías y en nostalgias mal entendidas por el cuento histórico de la moda de una clase dominante que vende con discursos ficticios lo que no es.
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