Las vitrinas como fragmento de lo naco y los recuerdos: El sentido de los objetos para la gente

Se trata de presentar un espectáculo para los sentimientos no para la inteligencia
Michel Maffesoli
INTRODUCCION

Las rocas, los árboles, los ríos y las nubes eran contemplados como algo maravilloso y con vida, y los seres humanos se sentían a sus anchas en este ambiente. En breve, el cosmos era un lugar de pertenencia, de correspondencia. Un miembro de este cosmos participaba directamente en su drama, no era un observador alienado. Su destino personal estaba ligado al del cosmos y es ésta relación la que daba significado a su vida.
Morris Berman

El trabajo de tesis que estás a punto de leer, es un pensamiento que se desprende de los significados, es una exploración y un entendimiento hacia los sentidos que tienen los mexicanos con los objetos amorosos que conforman su lugar y su espacio; sentidos que lentamente van trasformándose en memoria y en identidad. La “cualidad de la memoria: es guardar y dar cuenta de lo significativo de la vida, de lo que vale la pena mantener para luego comunicar y que alguien más lo entienda” (Mendoza, 2004: 1); columpio eterno entre pasado y presente que rememora y comparte lo significativo con su gente. Es de esta manera, que el pensamiento y el sentir de la sociedad se conforma de actos y eventos de suficiente calidad como para aparecer como lo más valioso (Fernández, 2004), en donde conservar objetos y fotografías le permite a la gente arrancarle al olvido lo que les simboliza.

Hombres y cosas comparten el juego de la identificación y la correspondencia, pertenencia y arraigo los caracterizan, hilos eternos los unen, los vinculan en forma de amor. La gente siempre ha correspondido a toda una infinita gama de escenarios y de objetos que dan sentido a la existencia, aquí la realidad del objeto no puede separarse de la de uno mismo porque “son objetos de cerca que desaparecen si falta su dueño, y que uno mismo deja de ser uno mismo si los pierde” (Fernández, 2003:12): “los objetos valen por sus cualidades sensibles, de las que uno se puede distanciar físicamente, pero no anímicamente. Son los objetos cercanos a medio camino entre la percepción fría y percepción caliente: son los objetos calidos de valor sentimental, a los que uno les encuentra belleza porque les pone cariño, les encuentra gratitud porque se les puso dedicación” (Fernández, 2003: 34)

Los sentidos en los objetos son los que dan origen al trabajo de investigación, pero jugar con estas piezas del rompecabezas afectivo, permitió durante el primer capitulo dialogar brevemente con la cultura, la estética y con posterioridad con lo naco y el kitsch.

Una cultura está compuesta de tradiciones, de memoria y de lentitud; todo lo que esta dentro de ella tiene significados, y con ellos la gente se mueve y convive creando experiencias que se desprenden de la intimidad, no sólo del ser humano aislado sino de un ser humano que vive en comunidad. Por lo tanto, la cultura mexicana es interesante para ser estudiada desde cualquier perspectiva, pero es la psicología social desde donde se teje el pensamiento que permite dar forma a los sentidos que guarda la gente frente a sus objetos, objetos que son bañados de amor, de orgullo, de recuerdos, de identidad y que con el paso de los años se van afianzando en la intemperie del tiempo y del espacio.

Ahora bien, se comprende a la estética como una forma de acercamiento sensible con la realidad, es decir, la estética que se maneja se desprende de la tradicional forma de lo bello y lo sublime, ya que el trabajo de investigación le apuesta a que la estética de la vida cotidiana es un constante acercamiento con la afectividad. Es una estética de todos los días, de la calle, del camión, del contacto con el otro, de los olores, de la comida, del comportamiento proxémico y quinécico. Durante todo el trabajo se hace uso de una estética cotidiana a manera de un ejercicio hermenéutico, el cual interpreta y reacciona ante el acontecer del diario vivir, por lo que se propone a la conservación de objetos que aluden a la memoria como un ejercicio de estética cotidiana, en donde la nostalgia y la cursilería afloran, y en donde el sentir de la gente que gusta de la desoquedad y la saturación realiza artificios para encapsular el tiempo, dotando de vida a los objetos que hablan de su historia, contando fábulas que les confieren encanto, convirtiendo en ambiente de vida las sensibilidades que unen a la gente con el mundo de sus objetos.

La práctica cotidiana de conservar objetos se extiende por todos los sectores poblacionales, no es exclusiva ni de los más pobres ni de los más ricos, aquí lo que iguala a la gente es el ritual que se tiene de guardar cosas, objetos, enseres, recuerdos materializados y nostalgias detenidas en miradas que se regala a lo inanimado, aquí la conservación remite al pasado, remite a una identidad que se levanta con orgullo sin mirar la clase social: se mira con agrado las cerámicas de lladrö amontonadas en la vitrina, las copas de cristal de una navidad vieja, las fotografías de hace 15 kilos, los monitos de plástico de una colección entera de Coca Cola, en fin, todo está atravesado por ese gusto de la acumulación, del recuerdo, de la ostentosidad.

El pensamiento de la propuesta de investigación, considera a la familia de clase media la más atractiva para ser estudiada y puesta bajo el lente de la aproximación social, ya que ésta contiene suficientes elementos para configurar una cosmogonía cultural que le permite identificarse y corresponder. Como producto de la clase media y de los sectores populares, están los fenómenos de lo naco y el kitsch, que se alimentan de lo cotidiano, de la acumulación, de la ostentosidad y de lo banal del comportamiento humano. Al analizar a la clase media se encontraron, tanto en el curso de su desenvolvimiento histórico como en su posición actual, elementos que permiten considerarla un lugar social donde el kitsch, con su forma de acumulación o conservación de objetos, se manifiesta con gran frecuencia. Aquí el investigador aboga por estéticas que son configuradas por la disponibilidad económica; el ciudadano de la felicidad del que habla Abraham Moles, está respaldado por una elegancia ficticia que le permite creer lo que no es. De esta manera, los medios de comunicación lo alimentan con estereotipos seudodisponibles que le hacen pensar que se puede llegar a ser aquello que vende el televisor. México es un país que busca de manera desmedida no verse ausente de lo que le identifica, por eso se llevan mañanitas con fervor a la virgencita de Guadalupe el 12 de diciembre y el 10 de mayo a las madres, por eso se recibe con entusiasmo el 6 de reyes, por eso el jolgorio de los 15 años conmueve y la perdida de la selección de futbol enoja, porque a fin de cuentas, la gente es el ambiente y la atmósfera que les envuelve. De éste escenario surge el objeto de estudio.

En el segundo capitulo, se echa mano del artefacto vitrina y de los marcos de la memoria colectiva para dar cuerpo teórico a la propuesta de la tesis. Cabe mencionar que se ha escogido a las vitrinas como artefacto de la memoria, porque estas permiten hablar no sólo de los recuerdos y de los objetos contenidos ahí, sino que logran redimensionar lo estrafalario y lo extrañamente conjugado de una sociedad que mientras busca ser desarrollada logra sólo ser estéticamente estridente ante los ojos de los demás. Mientras que con la memoria colectiva se otorga sentido al pasado vivido de la gente y se vislumbra que la permanencia de un objeto significa la permanencia de los recuerdos (de ahí que la frase común de “las cosas traen recuerdos”, cobre sentido literal en el proyecto); los marcos de la memoria, le permitirán a la gente encontrarle una ubicación espacio-temporal a esos recuerdos que se emanan. Por lo tanto, con el estudio se busca que la gente al mirar su pasado (por medio de sus objetos) sienta que se sigue siendo el mismo y tome conocimiento de su identidad a través del tiempo.

Se mira al recuerdo como forma de estar presentes en los torbellinos de una memoria que diariamente se ve afectada por los dramas de la vida cotidiana, es no querer olvidarse, sin embargo es querer permanecer junto a lo que se corresponde y se mimetiza: ya que “mi relación con esos objetos es sistemática, ecológica en el más amplio sentido, la realidad yace en mi relación con ellos (…) la percepción habitual de mi piel como un límite bien definido entre yo mismo y el resto del mundo comienza a debilitarse” (Berman, 1995: 144-145), pareciera entonces que los sentimientos aparecen como extensiones del objeto. Indirectamente el trabajo aboga por un animismo postmodernista que auxilie y libere al ser humano de las cadenas de un cansado conocimiento racionalista, que obligó con sofisticada maquinaria a ver que detrás de las cosas no existe maná o un poco de mí tras ellos (Berman, 1995). La actualidad se mueve con contactos vertiginosos que se disuelven entre el tiempo y los recuerdos, la humanidad esta siendo encapsulada en un pensamiento que aleja a la gente de ella misma. Los medios masivos de comunicación y el factor consumismo condenado necesariamente a lo transitorio y lo provisorio, se convierte en la nueva alegría masiva (Moles, 1995) que aleja a los seres humanos de los sentidos y los afectos. Regresar un poco de esa visión del hombre premoderno en cuanto a la extensión clara que existe entre mi piel y el espacio sería la propuesta final del proyecto de investigación, ya que se considera necesario retomar y hacerse participes de la conciencia original con la que se dio inicio a la existencia de las cosas y del hombre, “lo que sabe el niño, el primitivo y el loco, y por lo que lucha el hombre adulto promedio para mantener alejado de su percepción conciente, es que la piel es un limite artificial; que el si mismo y el otro realmente se fusionan en alguna forma no especificada” (Berman, 1995: 170): mimesis.

Ahora bien, la gente tiene necesidad de reconstruir permanentemente sus recuerdos, y de esta manera es como se otorga existencia al pasado vivido; por ahí dicen que recordar es volver a vivir, y quien diría que esta frase tan ordinaria es la base perfecta para abrirle a la memoria la posibilidad de regresar; y es que la memoria se nutre de los actos significativos de un ayer que no quiere ser abandonado en una trastienda, de un pasado que habla por medio de recordatorios sutiles pero permanentes, de conmemoraciones, de fechas singulares, aquí no se habla de artefactos fugaces, se habla de significados, de experiencias, de sensaciones y vivencias entremezcladas en los laberintos de una memoria que se niega a ser silenciada. “La memoria es un hecho y un proceso colectivo, insiste en asegurar la permanencia del tiempo como en un intento por mostrar que el pasado permanece, y por ende junto al pasado, la identidad” (Halbwachs, 1950: 6), es decir, “la memoria es la única garantía de que se sigue siendo el mismo en medio de un mundo de perpetuo movimiento” (idem). Es en esta necesidad constante de reconstruir los recuerdos en donde se sitúa la metodología del estudio, se aboga por la fotografía y por la narrativa como una epistemología de la imagen y del relato respectivamente, debido a que una de las formas más poderosas de estabilidad social radica en la tendencia de los seres humanos a compartir historias que versan sobre la diversidad de lo humano; considerando fielmente que “lo que no se estructura de forma narrativa, se pierde en la memoria” (Jean Mandler en Bruner, 1992: 66), y en donde las imágenes capturadas permitirán imaginar el pasado de un modo más vivo” (Burke, 2001), ya que la manera típica de enmarcar la experiencia es una imagen y la narración; es así como se le permite a los marcos de la memoria colectiva construir el mundo de las historias para que se prolongue la encantadora experiencia del recuerdo. De esta manera, esta configurado el tercer capitulo, el cual esta dedicado a la metodología empleada durante todo el estudio.

El capitulo número cuatro se titula El viaje: recuento de historias y fantasías, es donde sucede el descubrimiento de los vínculos, de las formas que atrapan en narrativa e imagen. Los vínculos nacen por el amor, por el cariño y afecto que van teniendo los actos de la vida. El ser humano debe de confiar en los objetos su memoria, sin ellos, probablemente se extraviaría en el torbellino de los días que se aceleran a fuerza de no querer envejecer; lo viejo y lo novedoso conviven. Ahora bien, las categorías se desprenden de las narrativas de la gente aparecen a fuerza de leer y escuchar lo que la gente ha dicho con respecto a los objetos una y mil veces. Durante mucho tiempo, fuera del tiempo de la investigación, se ha desarrollado inclinación por indagar en los territorios de las relaciones que mantienen los seres humanos con lo inanimado, apareciendo las categorías como juego seductor que se detiene frente al autor y lo invitan a aventurarse en señalar 2 formas de relación: Atesoramiento y Acumulación. Las categorías que se presentan son formas lúdicas en la vida de los seres humanos cuando se mantienen en juego perpetuo con sus objetos, formas que mantienen la familiaridad con lo inanimado. Dichas categorías contienen emociones, recuerdos, sentido de pertenencia, tradición, polvo, nostalgia; consisten en narraciones que se van hilando con el marco teórico interpretativo a fin de obtener un registro anecdótico en donde el recuerdo será el hilo conductor entre lo acontecido y el narrador. Se descubre que el ser humano se mueve entre encantamientos y distancias; entre lo viejo y lo novedoso; entre lo premoderno y lo postmoderno, entre el atesoramiento y la acumulación.

Ya para finalizar y a manera de conclusión, se muestra la práctica social de conservar objetos como una forma de unir a los seres humanos con el mundo material y se demuestra que lo que se guarda tiene significado, ya que en estas prácticas afloran emociones y sensibilidades que trasportan a épocas pasadas de las cuales la gente se siente satisfecha. El mexicano se siente orgulloso de poder expresar sus hazañas, de compartir sus andanzas por medio de enseres, ya que “el mundo de los objetos como cultura material representa por lo tanto, el registro tangible de los logros humanos, tanto sociales como individuales” ( Radley, 1992: 65) por esa misma razón se atesoran objetos, se guardan trofeos y se exhiben diplomas, porque desde el zapatito colgado del retrovisor hasta el velo de novia que se conserva, habla de una triada en donde pasado, persona y objeto se mantienen cómplices de un tiempo que existió y dentro de un espacio que ambientó las emociones.

En este último capitulo se hace uso de la correspondencia de la que habla Michel Maffesoli (1995) para determinar desde la perspectiva del estudio lo que corresponde a México. Ésta reflexión macrocósmica permite dibujar un escenario en donde el nivel microsocial de la conservación de objetos se aproxima a la propuesta final, ya que éste escenario cultural que se dibuja tiene tintes con una correspondencia de lo cursi, y es que para los fines del presente trabajo de tesis México corresponde a la cursilería.

Los analistas de la cursilería coinciden en señalar que, con gran frecuencia, los fenómenos cursis se caracterizan por su sentimentalismo aberrante, ávido de complacencia barata y disfrutable a cualquier precio, empeñado en hallar aspectos enternecedores incluso donde menos existen y dispuestos a aceptar las mentiras convencionales de la felicidad en almíbar, las historias sonrosadas y las fugas sentimentaloides. La cursilería muestra predilección por complicar lo sencillo y fomentar el adorno y la exageración, el virtuosismo inútil y ostentoso, la sobrecarga y la complacencia; pero ello no implica que los objetos o los hechos sean cursis en sí mismos, pues detrás se encuentra la gente que produce y disfruta de unos y de otros, que demanda admiración ajena y pretende la posesión exclusiva de objetos que denoten su estatus. De esta manera, ser naco implica resultar un poco cursi, ya que la cursilería es el regocijo ante el no tener y ver todo color de rosa y suspirar siempre bajo la menor provocación de amor.

La cursilería resulta ser el “idioma público (…) es otra Unidad Nacional” (Monsiváis, 1981: 172) dice Monsiváis en Escenas de pudor y liviandad. México se ha formado bajo las faldas del recuerdo y de un permanente querer ser lo que no se puede ser; se estacionó en las filas de una pasado que llegó tarde con el discurso de una novela rosa: una flor en las páginas de un libro, Agustín Lara, los poemas de Amado Nervo, los ramilletes de rosas, Corin Tellado, los tules en los vestidos, el color lila y azul pastel, los monitos de porcelana, las historias de amor en donde siempre la muchacha pobre se casa con el millonario por azares del destino, los ositos de peluche, las vitrinas, los aniversarios, “los sentimientos prestigiosos de antaño que se refugian en la feliz desesperanza de noctámbulos, adolescentes enamorados y amas de casa” (ídem: 174).

Es por lo anterior que Las vitrinas cómo fragmento de lo naco y los recuerdos es un pensamiento que permite visualizar al mexicano cómo un ser profundamente emotivo, plástico y lleno de nostalgias al hacer uso de sus recuerdos. Se ha descubierto que el sentido de recordar a la mexicana, tiene que ver con una larga cadena de melancolías añejas y de situaciones en las que se añora un regreso; este regreso significa la posibilidad de nuevamente situarse enfrentito de las emociones, ya que hablar de un pasado próximo, también permite encontrarse, permite saber quien se es y como es que se juega en este entramado social, a la vez que permite saber como es que configuran los afectos a la par de los momentos significativos, tal vez sea por eso que aún se ven hogares con vitrinas y con rincones saturados, llenitos de objetos sin aparente funcionalidad, de muñequitas de quince años, de virgencitas, de suvenirs amorosos que les remite a lo que una vez existió, cada objeto tiene su propia existencia, y sólo ellos componen y reconfiguran su espacio elegido, son los objetos con significado los que parecen contradecir las exigencias del cálculo funcional para responder a otro deseo, el de ser testimonio, recuerdo, nostalgia.

Comentarios

César Galán ha dicho que…
quisiera saber si puedo conseguir online el resto del texto? Gracias, está muy interesante.

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